Loup y Ciel - Capítulo 3.

¡Patte!

Después de media hora más de esperar al encargado de la posada, durante la cual Loup se limitó a sentarse en el sofá con los ojos cerrados y a juguetear con lo que su sombra le había depositado en la mano al momento de su regreso, lo que parecían ser unas bayas rojas, y de haber reservado un cuarto, salieron a la calle en busca de algún lugar donde cenar. Después del susto, la chica se sentía ahora más emocionada de haberlo conocido, y ya tenía preparadas muchas preguntas para él. Loup, por su parte, se mostraba más precavido por la lluvia, que no parecía querer detenerse, y de la cual ya habían comprobado que solo lo lastimaba a él. Fue por ello que decidieron no ir muy lejos, y se detuvieron en un pequeño restaurante a unas cuantas cuadras. Loup inmediatamente se dio cuenta de que el lugar sufría de goteras, al igual que la cafetería. Daba la impresión de que terminaba de armar un rompecabezas en su mente, lo cual hizo que se tranquilizara. Ciel eligió una mesa al fondo, para poder platicar sin tener que preocuparse por que alguien escuchara la conversación. Una vez el mesero había partido con la orden, comenzó la entrevista:

                – Muy bien, me eh asustado bastante cuando apareció tu sombra. ¿Tiene vida propia? ¿Qué es lo que te trajo? – Preguntaba, muy emocionada.

Loup y Ciel - Capítulo 2.

La sombra y la lluvia.

La mirada de Loup cambio lentamente, pero no quito los ojos de aquella muchacha, que parecía haber preguntado algo prohibido. Ciel seguía mirándolo expectante, y solo era interrumpida por sus parpadeos, luego de unos cuantos segundos, que se habían sentido como horas, ella hizo un gesto abriendo los ojos y encogiéndose de hombros – ¿Eres humano al menos? – continuó preguntándole, y esto último hizo que el muchacho soltara una pequeña carcajada. Ambos habían salido ya del lugar, y llevaban caminando unas cuadras en silencio, bajo la protección del paraguas de Ciel.

Loup y Ciel - Capítulo 1.

La mesera y el viajero.

Había comenzado a llover. Mala suerte, pensó para sí la muchacha, pues la cafetería donde trabajaba se encontraba particularmente vacía y esto le significaba a ella que no debía esperar mucha gente por el resto de su jornada, puesto que las lluvias en la ciudad tendían a durar la mayor parte del día. Aunque dentro y fuera del establecimiento había una rica variedad de plantas y flores, había que mantener el lugar lo menos húmedo posible, ya que el Sr. Moustache, dueño del lugar, era un ferviente amante de la lectura tanto como de la botánica, haciendo de su negocio mitad jardín, mitad librería, y había que mantener a los libros a salvo. Se apresuró a colocar un par de cubos en los puntos donde las goteras gustaban hacer acto de presencia y de cerrar las ventanas, además colocó un par de protectores de plástico sobe algunos estantes.