La sombra y la lluvia.
La mirada de Loup cambio
lentamente, pero no quito los ojos de aquella muchacha, que parecía haber preguntado algo prohibido. Ciel seguía
mirándolo expectante, y solo era interrumpida por sus parpadeos, luego de unos
cuantos segundos, que se habían sentido como horas, ella hizo un gesto abriendo
los ojos y encogiéndose de hombros – ¿Eres humano al menos? – continuó
preguntándole, y esto último hizo que el muchacho soltara una pequeña
carcajada. Ambos habían salido ya del lugar, y llevaban caminando unas cuadras en silencio, bajo la protección del paraguas de Ciel.
–
Claro que lo soy – respondió después de un largo rato, mientras desviaba su mirada, observando las
gotas chocar violentamente contra el suelo – O eso espero. – Eso ultimo la desconcertó un poco,
Loup se dio cuenta de que Ciel no era “común”,
y la miró fijamente a los ojos. Para cualquiera que se plantara a un lado de ellos, esa
podría parecer una mirada tranquila,
pero para ella estaba siendo una mirada muy amenazante, lentamente sentía que
su cuerpo se hacía más pesado, y a medida que más lo miraba a los ojos, su
vista se oscurecía, todo ocurría tan lentamente que ella apenas se daba cuenta.
–
¿Si te diste cuenta, por que no se lo dijiste a nadie? Y más extraño aun… ¿por
qué esperaste a estar a solas conmigo para preguntármelo?
–Yo…
esto… – Se le dificultaba hablar, se sentía demasiado pesada y su vista ya
había perdido la mitad de su luz – Me… Me gustan las… his… historias. Están…
están llenas de lugares y perso… per… personajes mágicos. Al café nun… ca viene
gente “especial” – Suspiro ella, sus palabras apenas le salían de la boca. Loup
colocó su mano en la parte baja de su espalda, y la empujo levemente en señal
de que siguieran caminando, aun estaba algo aturdida, pero desde que él aparto su
mirada de ella para comenzar a caminar por la calle, comenzó a sentirse mejor.
–Lo
siento por eso, solo quería asegurarme de que no tuvieras malas intenciones.
Debo ser más cuidadoso… supongo que te diste cuenta por que la única sombra
reflejada en la mesa era la del libro y no la de mi brazo, a veces soy muy
tonto. – Dieron vuelta en una esquina, 3 cuadras después de la cafetería, él
hablaba mientras miraba para todas partes, Ciel dedujo que se debía a que un
viajero gusta de apreciar todo aquello que es nuevo y diferente. De cuando en
cuando se detenían porque Loup quería examinar más de cerca un edificio, y
aunque le hubiera gustado adentrarse en las plazas llenas de árboles al otro
lado de la calle, el fango producido por la lluvia se los impedía. Aun así,
nada de esto era impedimento para que Loup siguiera hablando – Eres algo tonta,
¿sabes? ¿y qué si resultaba ser un demonio buscando devorar tu corazón? Supongo
que todos aquellos que huían de mi al notarlo eran más sensatos.
–
¡Nada de eso! – Ciel estaba algo apenada – Todos los días son iguales para mí.
Trabajo en el café porque así puedo conocer personas de diferentes partes del
país, pues es de las cosas mas famosas en esta ciudad. Además, el Sr. Moustache
me presta cualquier libro que yo quiera. “La hoja del árbol negro”… – Le dijo, como tratando de recordar – Es el
libro que leías, ¿a qué si?
–Sí,
pero no me arruines la historia. Recuerda que aún no termino de leerlo. – La
interrumpió.
–No
es eso… es que es de mis libros favoritos, y creí que eso era una buena señal.
¿Qué fue lo que me hiciste antes? ¿Por qué no tienes sombra?
–Tengo
una. Pero no está aquí conmigo en este momento.
La conversación se vio
interrumpida cuando llegaron a la posada en la que Loup podría pasar la noche.
Hubieran llegado más rápido si Loup no fuera tan curioso y se parara cada 3
segundos a admirar algo, siempre bajo la protección del paraguas de Ciel.
–
Mañana tengo el día libre en el café y no tengo clases importantes. Si tenemos
suerte y mañana hay mejor clima, puedo enseñarte mis sitios favoritos del
pueblo antes de que te vayas.
–
¿De qué hablas? Solo eh venido a apartar una cama, dijiste que me ayudarías a
conseguir una sombrilla para mí
–
Bueno… – Ciel se encogió de hombros, y apartó la mirada – Es algo tarde, y
pensé que estarías cansado.
–
¡Nada de eso! Por razones que no logro comprender, es por la noche que me
siento mas despierto. Pero no te preocupes, tu podrás descansar una vez
tengamos mi escudo para la lluvia, la cual por cierto, me parece sospechosa…
–
Muy bien, entonces haremos esto: Yo te llevo a comprar tu “escudo contra la lluvia”
y tú me invitas la cena ¿Vale? Tienes que contarme al menos algo interesante,
antes de que te vayas
– Insisto… es raro que no me temas. Pero me agradas, y no sabría decir por qué.
Estaban sentados en la sala de la posada, esperando a que el encargado pudiese atenderlos. Ciel seguía hablándole, contándole sobre como sus amigas no concebían la vida fuera del pueblo, y de otras cosas que a Loup no le interesaban en lo más mínimo. Sin embargo, ella realmente le agradaba, y eso era otra de las cosas que le gustaba de viajar, conocer gente interesante, si bien sus problemas de adolescente poco tenían de atrayente, realmente le emocionaba la idea de haber encontrado a una persona tan interesada en el misticismo, así como en la lectura, al igual que él.
– ¡Oh! Ya viene… – Dijo Loup, interrumpiéndola de golpe
– ¿El encargado? – Pregunto ella – No, él está demasiado ocupado chismorreando con su esposa en la cocina. Parece que tuvo problemas con un huésped. – Este comentario hizo que ella recordara como Loup parecía haber escuchado lo que su jefe, el Sr. Moustache había dicho sobre él en la cafetería, encontrándose a una distancia considerable.
Mientras pensaba en ello, observo como extendía la mano al aire, y comenzaron a escucharse muchos susurros y risitas agudas, muy tenuemente, había que aguzar el oído para poder escucharlos. Si ella hubiera estado sola en ese momento, habría muerto del miedo, pero estaba tranquila a un lado de Loup, quien parecía no escuchar nada. Pasaron los segundos, y aquellos débiles sonidos habían cobrado más fuerza, y habían cogido un ritmo aun mayor, aún era un sonido débil, pero notablemente más persistente. Ciel quedo en shock cuando descubrió la fuente de esos sonidos, arrastrándose por el suelo de la posada venia un ligero humo completamente negro, tan oscuro como un cielo nocturno sin estrellas. Apenas y pudo verlo, pues tan rápido como había aparecido en el cuarto, había ascendido a la mano extendida de Loup, donde revoloteó una fracción de segundo, e inmediatamente después, como si el suelo y el sofá donde se encontraba sentado el muchacho lo succionara, se convirtió en la sombra del viajero. Por primera vez en todo el día, ella había ahogado un grito de miedo. – Es la primera vez que tarda tanto en volver… Ciel, hay algo en este pueblo que me inquieta un poco. Tal vez no lo noté en la tarde, pero es en la noche hasta que espabilo. Creo que no eres la única persona que me ha notado… – Él se paró, y se dirigió a la calle, sobre la cual aun caía una feroz lluvia. Una vez los 2 estaban a un metro de la salida, Loup se acercó un poco más a la salida y extendió su mano, para que unas cuantas gotas cayeran en ella. Pero en cuanto eso ocurrió, sintió en sus dedos mojados una punzada de dolor y los retiró rápidamente, se secó la mano con el pantalón, como si el agua lo quemara. – El agua… ¿Te hace daño el agua? – Le preguntó Ciel – Al parecer solo esta – Contestó Loup.