¡Patte!
Después de media hora más de
esperar al encargado de la posada, durante la cual Loup se limitó a sentarse en
el sofá con los ojos cerrados y a juguetear con lo que su sombra le había
depositado en la mano al momento de su regreso, lo que parecían ser unas bayas
rojas, y de haber reservado un cuarto, salieron a la calle en busca de algún
lugar donde cenar. Después del susto, la chica se sentía ahora más emocionada
de haberlo conocido, y ya tenía preparadas muchas preguntas para él. Loup, por
su parte, se mostraba más precavido por la lluvia, que no parecía querer
detenerse, y de la cual ya habían comprobado que solo lo lastimaba a él. Fue
por ello que decidieron no ir muy lejos, y se detuvieron en un pequeño
restaurante a unas cuantas cuadras. Loup inmediatamente se dio cuenta de que el
lugar sufría de goteras, al igual que la cafetería. Daba la impresión de
que terminaba de armar un rompecabezas en su mente, lo cual hizo que se
tranquilizara. Ciel eligió una mesa al fondo, para poder platicar sin tener que
preocuparse por que alguien escuchara la conversación. Una vez el mesero había
partido con la orden, comenzó la entrevista:
–
Muy bien, me eh asustado bastante cuando apareció tu sombra. ¿Tiene vida
propia? ¿Qué es lo que te trajo? – Preguntaba, muy emocionada.
–
Hay cosas que no puedo explicarte, Ciel – La voz de Loup parecía distante, y
ella notaba que todo el asunto de la lluvia aun le impedía prestarle atención – Pero si estas
dispuesta a ayudarme, podrás ver con tus propios ojos lo que soy, y detener esta lluvia. Es absurda.
–
Lo que pasa es que no estás acostumbrado a ella, para nosotros este es un día
normal. Pero no te preocupes, claro que te ayudare, te puedo llevar con mi
sombrilla a donde quieras.
–
No es eso, cuando llegue aquí había una ligera brizna que no me afecto en lo
absoluto. Cuando entre al café, la lluvia arreció. En ese momento creí que era
una coincidencia, pero ahora estoy
convencido de lo contrario.
–
Me temo que no te entiendo… – Dijo Ciel, con un aire de decepción, por más que
ella lo intentaba, parecía que el chico no hablaria de algo mas interesante que la lluvia.
–
¿Cuántos años tienes Ciel?
–
20
–
¿Y este lugar había sido siempre así? Me refiero a la lluvia. ¿Cuándo comenzó a
llover así en este pueblo?
–
Ya te lo dije… siempre ha sido así. ¡Este es el clima de esta ciudad!
–
Eso no puede ser cierto. Bueno, parece ser que tú no me puedes ayudar, pero
conoces a alguien que sí. El señor Moustache ¿verdad? ¿Es el dueño de todos los
libros que hay en la cafetería? Quiero decir, él los ha leído todos, ¿no?
–
Supongo – Ciel seguía cortante, jugando con los hielos de su bebida.
–
Escucha Ciel, esto es importante. Además ya te lo dije, prefiero darte una “aventura” en lugar de aburridas explicaciones
sobre lo que puedo hacer. Parece que tendré que quedarme un par de días aquí.
Los
interrumpió la llegada de su comida, ambos habían pedido un trozo de carnes de
res, Loup, como dijo, amaba comer carne, y como Ciel estaba tan interesada en
él, acordaron comer lo mismo. La noticia de que Loup se quedaría un par de días
más le regreso el entusiasmo, pero estaba muy dudosa aun de si eso significaría
que realmente vería algo sorprendente al fin, después de todo y a pesar de lo
parlanchín que podría llegar a ser, nunca decía nada realmente. Comieron en
silencio, a estas alturas era obvio para ella que sus temas de conversación no
eran del interés de un viajero, y Loup parecía que no diría nada, pero
sorpresivamente fue el quien rompió el silencio – Tengo que confesar que nunca
me había llevado tan bien con una persona a lo largo de mi viaje, ¡y ya van 5
años! – tenía en el rostro una marcada nostalgia, fue por primera vez que ella
se percató de que Loup, si bien parecía alegre y curioso, tenía una mirada un
tanto triste – Bueno – continuó, después de pasarse un gran trozo de carne con
un trago de su cerveza – Lo interesante ocurrirá mañana, si todo marcha según lo
planeo, pero quiero mostrarte algo primero – Extendió su mano sobre la mesa, y
después de asegurarse de que nadie los miraba, grito en voz baja “Patte!”. Aquel humo negro que había
visto en la posada, brotaba de la mano del muchacho violentamente, pero esta
vez no producía ningún sonido. Se extendió a lo largo de la mesa, bruscamente
al tiempo que adoptaba forma, comenzaba a reducir sus movimientos al tiempo que
aquella neblina negra se convertía en una espada completamente negra, tanto la
empuñadura como la hoja eran completamente oscuras, de un negro tan espeso, que
en realidad parecía que había un agujero con forma de espada muy profundo en la
mesa. Ciel estaba encantada, era algo que nunca había visto antes. Todo había
pasado tan rápido frente a sus ojos.
–
¿Es tu sombra? – Dijo luego de una larga pausa, en la que Loup siguió comiendo
más de su enorme corte de carne. – ¿Puedes convertirla en cualquier cosa?
–
No, esta no es mi sombra – dijo con la boca llena, mientras movía la mano con
el cuchillo para cortar la carne sobre la mesa, mostrando claramente que aún
conservaba su propia sombra.
–
¿Entonces qué es?
–
Ya lo verás mañana si todo sale bien, y por tu bien, ¡no vayas a tocarla si no
quieres lastimarte! Será mejor que la guarde, “Assez!” – Susurro, colocando la palma de su mano sobre la mesa,
absorbiendo el humo negro que emanaba de aquella mancha negra en forma de
espada. Después de eso, ambos terminaron de comer mientras Ciel comentaba lo
increíble que había sido, el camarero regresó, ofreciéndoles ordenar algún
postre. Entre ambos, convencieron a Loup de pedir algo más, y así, quedarse más
tiempo. Estaba siendo una noche genial, pensaba ella, algo sobre lo que podría
leer en algún cuento de hadas, o de terror, después de todo, Loup era realmente
oscuro, sus ropas, su cabello, sus ojos y sus… poderes. La noche siguió, y él le contó algunas cosas más, pero sin
revelarle más de su “magia” pensaba
ella, le contaba sobre los lugares que había visitado y personas que había
conocido. Al momento de pagar la cuenta, que era algo grande, Loup le explico
que se dedicaba a cazar animales en los bosques que separan los
pueblos, donde los vende. Además de que con el tiempo y los libros había
aprendido a reconocer ciertas plantas y frutos valiosos que también podría
cambiar por dinero a los médicos y mercaderes. Todo esto mientras caminaban a
casa de Ciel, que vivía con sus padres frente a una plaza. Había sido muy
problemático llegar ahí, pues había enormes charcos en toda la calle, mismos
que tuvieron que franquear para que Loup no resultara herido, y que él no
dejaba de mirar extrañado, al igual que las goteras del restaurante. Una vez
llegaron la casa, Ciel le cedió el mango de la sombrilla para que pudiera
regresar a la posada.
–
Puedes dármela mañana, aquí en mi casa hay muchas… ¡nunca se sabe!, pasaré
temprano por ti a la posada – Sonrió maliciosamente – Mis padres deben creer
que voy a la escuela.
–
Esta bien, trataré de no dormir muy tarde entonces, aunque este libro me está
esperando…
Se
despidieron con un movimiento de manos al tiempo que se daban la espalda el uno
al otro. Loup se dirigió directamente a
la posada, pues la lluvia le preocupaba enormemente. Tenía la sensación de que
si perdía el paraguas, estaría prácticamente muerto. Las gotas eran enormes y
durante todo el día la lluvia había sido uniforme. Una vez en el cuarto que
alquiló, sus sospechas se hicieron
realidad al comprobar que también ahí el agua se filtraba por el techo.
– Ridículo – Pensó, y se acostó a leer “La hoja del árbol negro” en silencio. Transcurrieron las horas, y por un
momento se percató de que la lluvia perdía fuerza – ¡Ya era hora! – Suspiró sin
apartar la mirada su libro – Mañana estarás muy cansado… – finalizó, con un
aire despreocupado.