Loup y Ciel - Capítulo 3.

¡Patte!

Después de media hora más de esperar al encargado de la posada, durante la cual Loup se limitó a sentarse en el sofá con los ojos cerrados y a juguetear con lo que su sombra le había depositado en la mano al momento de su regreso, lo que parecían ser unas bayas rojas, y de haber reservado un cuarto, salieron a la calle en busca de algún lugar donde cenar. Después del susto, la chica se sentía ahora más emocionada de haberlo conocido, y ya tenía preparadas muchas preguntas para él. Loup, por su parte, se mostraba más precavido por la lluvia, que no parecía querer detenerse, y de la cual ya habían comprobado que solo lo lastimaba a él. Fue por ello que decidieron no ir muy lejos, y se detuvieron en un pequeño restaurante a unas cuantas cuadras. Loup inmediatamente se dio cuenta de que el lugar sufría de goteras, al igual que la cafetería. Daba la impresión de que terminaba de armar un rompecabezas en su mente, lo cual hizo que se tranquilizara. Ciel eligió una mesa al fondo, para poder platicar sin tener que preocuparse por que alguien escuchara la conversación. Una vez el mesero había partido con la orden, comenzó la entrevista:

                – Muy bien, me eh asustado bastante cuando apareció tu sombra. ¿Tiene vida propia? ¿Qué es lo que te trajo? – Preguntaba, muy emocionada.

              – Hay cosas que no puedo explicarte, Ciel – La voz de Loup parecía distante, y ella notaba que todo el asunto de la lluvia aun le impedía prestarle atención – Pero si estas dispuesta a ayudarme, podrás ver con tus propios ojos lo que soy, y detener esta lluvia. Es absurda.

                – Lo que pasa es que no estás acostumbrado a ella, para nosotros este es un día normal. Pero no te preocupes, claro que te ayudare, te puedo llevar con mi sombrilla a donde quieras.

                – No es eso, cuando llegue aquí había una ligera brizna que no me afecto en lo absoluto. Cuando entre al café, la lluvia arreció. En ese momento creí que era una coincidencia, pero  ahora estoy convencido de lo contrario.

                – Me temo que no te entiendo… – Dijo Ciel, con un aire de decepción, por más que ella lo intentaba, parecía que el chico no hablaria de algo mas interesante que la lluvia.

                – ¿Cuántos años tienes Ciel?

                – 20

             – ¿Y este lugar había sido siempre así? Me refiero a la lluvia. ¿Cuándo comenzó a llover así en este pueblo?

                – Ya te lo dije… siempre ha sido así. ¡Este es el clima de esta ciudad!

                – Eso no puede ser cierto. Bueno, parece ser que tú no me puedes ayudar, pero conoces a alguien que sí. El señor Moustache ¿verdad? ¿Es el dueño de todos los libros que hay en la cafetería? Quiero decir, él los ha leído todos, ¿no?

                – Supongo – Ciel seguía cortante, jugando con los hielos de su bebida.

                – Escucha Ciel, esto es importante. Además ya te lo dije, prefiero darte una “aventura” en lugar de aburridas explicaciones sobre lo que puedo hacer. Parece que tendré que quedarme un par de días aquí.
                Los interrumpió la llegada de su comida, ambos habían pedido un trozo de carnes de res, Loup, como dijo, amaba comer carne, y como Ciel estaba tan interesada en él, acordaron comer lo mismo. La noticia de que Loup se quedaría un par de días más le regreso el entusiasmo, pero estaba muy dudosa aun de si eso significaría que realmente vería algo sorprendente al fin, después de todo y a pesar de lo parlanchín que podría llegar a ser, nunca decía nada realmente. Comieron en silencio, a estas alturas era obvio para ella que sus temas de conversación no eran del interés de un viajero, y Loup parecía que no diría nada, pero sorpresivamente fue el quien rompió el silencio – Tengo que confesar que nunca me había llevado tan bien con una persona a lo largo de mi viaje, ¡y ya van 5 años! – tenía en el rostro una marcada nostalgia, fue por primera vez que ella se percató de que Loup, si bien parecía alegre y curioso, tenía una mirada un tanto triste – Bueno – continuó, después de pasarse un gran trozo de carne con un trago de su cerveza – Lo interesante ocurrirá mañana, si todo marcha según lo planeo, pero quiero mostrarte algo primero – Extendió su mano sobre la mesa, y después de asegurarse de que nadie los miraba, grito en voz baja “Patte!”. Aquel humo negro que había visto en la posada, brotaba de la mano del muchacho violentamente, pero esta vez no producía ningún sonido. Se extendió a lo largo de la mesa, bruscamente al tiempo que adoptaba forma, comenzaba a reducir sus movimientos al tiempo que aquella neblina negra se convertía en una espada completamente negra, tanto la empuñadura como la hoja eran completamente oscuras, de un negro tan espeso, que en realidad parecía que había un agujero con forma de espada muy profundo en la mesa. Ciel estaba encantada, era algo que nunca había visto antes. Todo había pasado tan rápido frente a sus ojos.

                – ¿Es tu sombra? – Dijo luego de una larga pausa, en la que Loup siguió comiendo más de su enorme corte de carne. – ¿Puedes convertirla en cualquier cosa?

              – No, esta no es mi sombra – dijo con la boca llena, mientras movía la mano con el cuchillo para cortar la carne sobre la mesa, mostrando claramente que aún conservaba su  propia sombra.

                – ¿Entonces qué es?

                – Ya lo verás mañana si todo sale bien, y por tu bien, ¡no vayas a tocarla si no quieres lastimarte! Será mejor que la guarde, “Assez!” – Susurro, colocando la palma de su mano sobre la mesa, absorbiendo el humo negro que emanaba de aquella mancha negra en forma de espada. Después de eso, ambos terminaron de comer mientras Ciel comentaba lo increíble que había sido, el camarero regresó, ofreciéndoles ordenar algún postre. Entre ambos, convencieron a Loup de pedir algo más, y así, quedarse más tiempo. Estaba siendo una noche genial, pensaba ella, algo sobre lo que podría leer en algún cuento de hadas, o de terror, después de todo, Loup era realmente oscuro, sus ropas, su cabello, sus ojos y sus… poderes. La noche siguió, y él le contó algunas cosas más, pero sin revelarle más de su “magia” pensaba ella, le contaba sobre los lugares que había visitado y personas que había conocido. Al momento de pagar la cuenta, que era algo grande, Loup le explico que se dedicaba a cazar animales en los bosques que separan los pueblos, donde los vende. Además de que con el tiempo y los libros había aprendido a reconocer ciertas plantas y frutos valiosos que también podría cambiar por dinero a los médicos y mercaderes. Todo esto mientras caminaban a casa de Ciel, que vivía con sus padres frente a una plaza. Había sido muy problemático llegar ahí, pues había enormes charcos en toda la calle, mismos que tuvieron que franquear para que Loup no resultara herido, y que él no dejaba de mirar extrañado, al igual que las goteras del restaurante. Una vez llegaron la casa, Ciel le cedió el mango de la sombrilla para que pudiera regresar a la posada.

                – Puedes dármela mañana, aquí en mi casa hay muchas… ¡nunca se sabe!, pasaré temprano por ti a la posada – Sonrió maliciosamente – Mis padres deben creer que voy a la escuela.

                – Esta bien, trataré de no dormir muy tarde entonces, aunque este libro me está esperando…

                Se despidieron con un movimiento de manos al tiempo que se daban la espalda el uno al otro.  Loup se dirigió directamente a la posada, pues la lluvia le preocupaba enormemente. Tenía la sensación de que si perdía el paraguas, estaría prácticamente muerto. Las gotas eran enormes y durante todo el día la lluvia había sido uniforme. Una vez en el cuarto que alquiló, sus sospechas se hicieron  realidad al comprobar que también ahí el agua se filtraba por el techo. – Ridículo – Pensó, y se acostó a leer “La hoja del árbol negro” en silencio. Transcurrieron las horas, y por un momento se percató de que la lluvia perdía fuerza – ¡Ya era hora! – Suspiró sin apartar la mirada su libro – Mañana estarás muy cansado… – finalizó, con un aire despreocupado.